Por qué la gente es tan sumisa con el poder aunque la perjudique II: Mafia Sicilana

Escrito por nessie 07-08-2012 en General. Comentarios (0)

“Cualquiera que sea el concepto abstracto que se haga uno del derecho, es un hecho constante que la mayoría de los hombres (…) consideran como instituciones de derecho aquellas fuerzas de cualquier índole que no puedan ser combatidas o vencidas”

 

Leopoldo Franchetti, en Los Orígenes de la Mafia,varios autores, Capitán Swing, Madrid 2009.

 

“Si allí no estamos también nosotros –añadió- esos te endilgan la república. Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”

 

Giuseppe Tomasi de Lampedusa, en El Gatopardo. Cátedra,Madrid 1994.

 

Tras haber analizado en el último post las desagradables pero no excesivamente graves consecuencias de la falta de confianza para los Bena, vamos a analizar un caso mucho más sangrante, literalmente: la Mafia siciliana.

 

A diferencia del caso de los Bena, aquí si hay información sobre los orígenes históricos de la desconfianza: Sicilia fue una de las regiones de Europa donde el régimen feudal pervivió durante la Edad Moderna, junto con la Europa del este y determinadas regiones más aisladas, como puede ser Galicia en España. La inmensa mayoría de la población era vasalla de la nobleza, lo que implicaba que estaba sometida a sus designios sin posibilidades prácticas de apelar a otra instancia contra los abusos. Por supuesto, en estas condiciones la población estaba sumida en la más absoluta de las miserias, salvo una reducidísima clase media.  Salvo estos, que tenían alguna posibilidad de prosperar, la tierra se cultivava poco y mal, sin que unas tímidas reformas sirvieran para mejorar la situación.  Los grandes propietarios confiaban para mantener su estatus en la opresión del campesino más bien que en invertir para mejorar las explotaciones. La abolición formal de la Servidumbre solo logró que el antiguo siervo pudiera cambiar de amo, estando obligado por la miseria a aceptar aquello que se le ofrecía. El comercio u otras actividades económicas,en esas condiciones, tenían una presencia testimonial.

 

En el feudalismo, aunque se recurra a otros expedientes de legitimación como la voluntad divina, los derechos son básicamente las voluntades e intereses mantenidas por la fuerza. Cuando existe una burguesía fuerte, los negocios exigen para prosperar que una autoridad central asegure como derechos los intereses individuales de forma igualitaria ante la ley, encargándose de forma (bueno, en la práctica más o menos) imparcial de resolver los conflictos. Eso crea unas expectativas de progreso que justifican que los individuos se esfuercen para lograr éxito económico. Una de las razones principales para que la Revolución Industrial triunfase en Inglaterra fue que era la nación más igualitaria del mundo, tras haber hecho su Revolución en el siglo XVII. Nada de esto ocurrió en Sicilia, por lo que  la resolución de conflictos permaneció en las manos privadas de quién tenía fuerza para hacerlo, evidentemente sin más código que su voluntad.

 

Al atraso se sumó el dominio español, tanto bajo los Austrias como los Borbones, apenas interrumpido hasta la unificación italiana. El sometimiento de la población se mantuvo utilizando técnicas como la manipulación, la obstaculización de las actividades comerciales, el fomento de relaciones de superioridad de dominio y explotación, eliminando la solidaridad entre iguales y alterando las relaciones personales. Franchetti describe en su apartado el desastroso panorama durante la monarquía borbónica en el siglo XIX. Pese a la promulgación de leyes avanzadas en esa época, para conservar el poder se optó por una tremenda corrupción. La Magistratura dictaba las sentencias que le venían dadas desde arriba. La ley no existía en la práctica más que si le interesaba al gobierno.

 

Sobre estas bases, no era posible evitar todo tipo de abusos cometidos por quién tenía un puesto en la burocracia. El resultado es que se inauguró una época en que determinados sectores sociales entraron en el reparto del poder en la isla, como fue el caso de los abogados, que se impusieron recurriendo a la astucia a traves de empleados gubernativos y magistrados, sustituyéndose así en parte la violencia.

 

Recapitulemos: la situación en la isla era de un atraso secular, unas poderosas clases dominantes interesadas exclusivamente en el mantenimiento de sus privilegios y una población explotada hasta el límite, sumida en una enorme ignorancia y además con una tremenda desconfianza tanto hacia las instituciones como entre ella misma, lo que aseguraba la docilidad. (¿Alguien osaría unirse a sus iguales en esas condiciones?) La evolución política de la isla simplemente cambió moderadamente la estructura de las élites, añadiendo algunos sectores de clase media, y disminuyó la importancia de la violencia ejercida de forma privada para mantener el dominio, sustituida en parte por otros métodos más sutiles.

 

Seguiré hablando de este tema en próximos posts.