Un vikingo en Groenlandia

El sueño europeo

El proyecto de construcción europeo pasa por alto la necesaria premisa de que para formar una democracia es necesario un demos, un colectivo social que sienta algún tipo de solidaridad. Eso ocurre en las naciones, por más que sean comunidades imaginadas, como muy bien las definía Benedict Anderson, pero funcionan como tal, al menos dentro de ciertos límites (por ejemplo, no evita las rivalidades entre ciudades de porte comparable, como Madrid y Barcelona). Los españoles, incluso con nuestros conflictos, hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en distintas situaciones para arreglar alguna solución que no ha ido del todo mal, al menos por un tiempo. Tenemos algo de solidaridad entre nosotros, y más o menos nos conocemos y entendemos, aunque haya disputas y siga siendo cierto lo de las dos Españas (por lo menos).

Sin naciones como tales, la democracia no es viable: los poderes fácticos vencen dividiéndonos, como han hecho a nivel europeo convenciendo a los alemanes mediante una campaña mediática que todos los del sur somos unos cantamañanas (por ejemplo, Der Spiegel llegó a publicar que una jubilada griega ex-estanquera cobraba una pensión de ¡3000 €!). Con esto perdemos nosotros, pero también los alemanes de a pie. Ahí están los minijobs, la destrucción del estado de bienestar o las bolsas de paro camufladas. Eso sí, como se creen privilegiados, defienden la situación a capa y espada como si realmente les beneficiara.

Si alguien me dice que depender de las naciones para ser capaces de defender nuestros intereses no es racional, no puedo estar más de acuerdo, pero eso de que los humanos somos racionales es otro cuento chino. Lo que más nos caracteriza, desde que se formaron los estados prístinos, hace cinco o seis mil años, es la estupidez. Un día haré un post sobre por qué los humanos somos estúpidos y nos es tan difícil evitarlo pero, como aperitivo, pueden verse los posts de este blog sobre el experimento Stanford, de agosto de 2012. Obsérvese también que para encontrar dirigentes con cabeza, como Mugica o Mandela, hablamos de gente que han pasado un largo período de sus vidas entre tremendos sufrimientos.

La UE europea, como confesaron sus defensores pretendiendo convencernos de lo contrario, es un sueño, una utopía... y una estafa que, una vez firmado el pacto de adhesión, funciona como las preferentes. O peor, nos quitan todavía más de lo que creímos firmar. Con una lejana apariencia de legitimidad democrática, el gobierno efectivo lo realizan la banca, los lobbies, las multinacionales... Baste ver que el presidente del BCE, organismo que no tiene ningún tipo de control democrático, es el hombre de Goldman Sachs que estuvo al frente de la división europea de este banco cuando hizo la falsificación de las cuentas griegas http://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Draghi . Y ahora viene el Tratado de Libre Comercio...http://blogs.elpais.com/3500-millones/2014/05/multinacionales-o-democracia-europa-decide.html

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