Un vikingo en Groenlandia

Hablemos de política (2). ¿Por qué los partidos se alejan de los ciudadanos?


Un grupo de gente con poder y aislada del resto tiene tendencia a volverse loco o increíblemente egoista. Véanse a este respecto los recientes posts de este blog dedicados a la irracionalidad del ser humano. A mí siempre me impresionó profundamente el caso de la cárcel de Stanford: anula por completo el argumento de que el problema es que quién consigue alcanzar el poder lo hace porque es perverso por naturaleza. En ese caso se demuestra que basta con juntar un grupo de gente normal y ponerlos por encima de otros para constituir una dictadura. Contrariamentea lo que dice el sentido común, estamos terriblemente influenciados por el entorno que nos rodea, fundamentalmente el social: http://nessie.blogspot.es/1345903200/y http://nessie.blogspot.es/1346966760/  Es también muy elocuente la película de Bernardo Bertolucci El Último Emperador. Narra como se consigue deliberadamente que un niño cualquiera se convierta en un tirano, buscando sin duda que se acostumbre a no detenerse ante los sufrimientos de sus súbditos a la hora detomar decisiones. En algunas de sus escenas se narran sus juegos, cuando tenía pocos años de edad, con los hombres destiandos a servirle directamente. Se obedecían todas sus órdenes, independientemente de las consecuencias para ellos. Sin ir tan lejos, también nos podemos fijar en la generación de déspotas que se está criando en España a base de cumplirles a los niños todos los caprichos y no ponerles límites. Es una consecuencia de la capacidad de adaptación del ser humano. Yo creo que solo se puede frenar cuando la persona está viviendo con una gran intensidad en experiencias del pasado. Los entrenamientos de, por ejemplo, los cuerpos de élite de los ejércitos buscan precisamente esto: se las hacen pasar moradas para que no se les olvide la lección...

 

Los partidos y especiamente sus cúpulas tienen todos los boletos para subir a las nubes: ostentan un gran poder, son gente que suele tener una forma de pensar similar, les llegan muy pocas críticas y… el que se mueve no sale en la foto. Tienen una enorme tendencia al pensamiento de grupo (véase el segundo de los links para una explicación de lo que es). El nivel de aislamiento social puede ser muy importante para los altos dirigentes, y más en un país con un problema de terrorismo (pero en ninguno un alto dirigente está excesivamente seguro. Recuérdese a este respecto el asesinato de Olof Palme enla pacífica Suecia). Es perfectamente normal que, cuando se le preguntó, Zapatero no tuviese ni idea de cuanto costaba un café. En su posición, incluso antes del desplome de su popularidad, irse solo tranquilamente a un bar en la calle era peligroso.

 

Yo no creo que sea una buena idea prescindir, en líneas generales, de la democracia formal y de los partidos políticos: es la forma de estado que permite un mayor control de los gobernados sobre los gobernantes,y puede además vertebrar la resistencia contra las élites económicas que nos están sangrando. Dejando aparte la discusión de si es posible una democracia directa (ya expondré mi opinión al respecto), cualquier otro sistema nos traerá una opresión todavía más dura. Lo que hace falta es conocer por qué falla el sistema y ver que se puede hacer para mejorarlo. En todo caso, pasa por algo que también es un estricto requisito para dicha democracia directa: la concienciación, el cambio cultural y la defensa inteligente de sus intereses por parte de la población y la transparencia, que podría incluir el que ciudadanos elegidos aleatoriamente para períodos de tiempo cortos y con una gran rotación puedan presenciar y participar en el funcionamiento de las instituciones(1).

 

 (1) Ya se ha hecho algo bastante más drástico: en la Atenas Clásica, el consejo de la Boulé cambiaba de miembros (¡500!) cada año por sorteo y sin posibilidad de reelección. Cada una de sus secciones, las prytaneia, asumía los mayores poderes durante una parte de ese tiempo. Su presidente se sorteaba cada día y tampoco podía repetir. Véase, por ejemplo, en Breve Historia del Mundo Antiguo. López Melero, R, Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid. pp. 157-59. Antes que algún partidario de la democracia directa se ponga a saltar, me permito recordar el poco tiempo transcurrido entre la victoria sobre los persas, en que Atenas ganó un poder y un prestigio enorme, y la derrota en la guerra del Peloponeso. La cosa no funcionó demasiado bien. La República Romana lo hizo mucho mejor, y, según Maquiavelo (lo expone en los Discorsi, no solo escribió El Príncipe), eso se debió al relativo equilibrio entre patricios y plebe.

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