Un vikingo en Groenlandia

Hablemos de política:

Tras los acontecimientos de los últimos años, la política ha sufrido un enorme desprestigio en este país hasta el punto de que la clase política y su corrupción son percibidas, junto con la economía, como el mayor problema del país. La preocupación es harto justificada, pero creo que conviene hacer unas cuantas precisiones.

 

Para empezar, unas pocas definiciones válidas para todo tipo de sociedades. La palabra política se refiere a todas aquellas actividades encaminadas a conseguir objetivos públicos que implican una diferencia de poder, que puede ir desde enunciar las decisiones políticas en la asamblea hasta el uso de la coerción por parte de una o varias personas. La política no implica necesariamente la presencia de un gobierno (grupo de estatus políticos interconectados por una organización administrativa), pero éste existe sistemáticamente desde que las sociedades se organizan en estados. Un estado es una sociedad estratificada, o jerarquizada, en la que se han roto los vínculos entre gobernantes y gobernados. En otros tipos de sociedades, como tribus o jefaturas, todo el mundo, desde el jefe hasta el último miembro se consideran parientes, con las obligaciones recíprocas que ello supone (aunque en jefaturas avanzadas la persona del jefe se puede divinizar). El poder que induce la jerarquía lo podemos observar fácilmente: la institución más poderosa de los estados, el ejército, es la más rígidamente jerarquizada. El poder es la capacidad de imponer una voluntad. Existen varias posibles fuentes de poder: la coerción, la legitimidad (la base del poder consensual, que se origina en valores comunes y unas expectativas por parte de los gobernados dirigidas a los que ostentan el poder. Es importante no confundir legitimidad con legalidad: una ley o una decisión política perfectamente legal puede no ser legítima), la persuasión (ejemplo de persuación sería el recordar compromisos, o alegar que merecemos determinadas medidas impopulares), la influencia... Un sistema político puede utilizar todos estos apoyos, pero el más flexible y eficaz es la legitimidad. La violencia es costosa y rígida, y persuasión e influencia pueden colar o no. Por algo P. Bordieux y C. Foucault recuerdan que es más fácil dominar a la gente en sus mentes que controlar sus cuerpos. Un buen aparato ideológico, que introduzca los valores que le interesan a las élites tiene un valor inapreciable.

 

Los estados consiguen una acumulación de poder muy superior a los otros sistemas de organización política. Actualmente todo el mundo está bajo el poder de un estado, aunque a veces se conservan parcialmente otros sistemas, como es el caso de las tribus que permanecen dentro de los mismos. Ese poder, durante la Edad Media, se basaba en el uso de la violencia (aunque se usaron mecanismos para regularla y legitimarla), pero, con el surgimiento de la burguesía, la actividad económica se fue haciendo progresivamente fuente de poder, hasta llegar a los extremos actuales, en que los ricos son más poderosos que los estados: mantienen un enorme control de las decisiones políticas mediante lobbys, mediante la corrupción de los gobernantes,el dominio mediático, la ideología (ayudados porque buena parte de la población procura imitar a las élites) o actualmente mediante la amenaza de retirar sus recursos económicos. Controlan las decisiones políticas de modo que favorezcan sus intereses en perjuicio del conjunto de la ciudadanía. Devalúa la democracia (aunque las democracias modernas nunca fueron en realidad excesivamente democráticas, pero sí se solían respetar unos mínimos)  Consiguen que el estado cubra económicamente los destrozos que ellos mismos han ocasionado por codicia y encima que se les pague más...

 

Tenemos así aisladas las dos mayores fuentes de poder del mundo: el económico y el político. En un tercer puesto, tenemos al poder religioso, que suele alinearse con el económico, al menos en el caso de las altas instancias del cristianismo.

 

¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie sometidos a esos poderes, ahora que encima han decidido que no les interesa producir bienes reales pero tampoco les llega su parte del pastel? De los ricos básicamente no podemos esperar nada, pero de los estados, a través de la política, sí es posible, y más fácilmente en las democracias occidentales. El éxito y la carrera de un político dependen de que consiga apoyo en su sociedad, y eso pasa por nosotros. Podemos forzarlos a tener enfrentamientos con la élite económica. Claro está, si no nos dejamos tomar el pelo por el dominio mediático-ideológico del las élites financieras, y tomamos en serio cartas en el asunto. La indignación ciudadana puede ser una magnífica arma para ello.

 

Continuaré con el tema en el próximo post.

 

Bibliografía:

 

Swartz et al.:Political Anthropology. AldineTransaction , Chicago, 1966.

Kottak, CP: Antropología Cultural 11ª ed, McGraw Hill,Madrid, 2006.

 

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