Un vikingo en Groenlandia

El ser humano no es racional. El experimento Stanford

“Puede decirse, por tanto, que en realidad es el egoismo lo que le enseña a amar”.

 

Sigmund Freud. Subrayado original.

 

“Hay cosas en la noche que es mejor no ver”.

 

Radio Futura: Divina (original Marc Bolan: Balrooms of  Mars)

 

En 1971 se hizo un experimento psicológico sobre el comportamiento de personas normales, no delincuentes, en condiciones que simulaban las de una prisión. Los resultados fueron cuando menos sorprendentes.

 

Se reclutó un grupo de voluntarios, estudiantes universitarios sin antecedentes, y se les sometió a una batería de test para descartar patología mental de base. La mitad de los voluntarios fueron asignados aleatoriamente al papel de carceleros y la otra mitad al de reclusos. Tras ello, sin previo aviso, los reclusos fueron detenidos con acusaciones inventadas y llevadas a las instalaciones del experimento, que simulaban una cárcel, celda de aislamiento incluida. Se les aplicó, como preparación, un baño de humillaciones que incluyó el cambio del nombre por un número, un uniforme degradante, el rapado del pelo y una cadena en un tobillo. A los carceleros se les dio libertad para hacer lo que consideraran necesario para mantener el orden. Su uniforme incluia gafas de sol, porra y silbato, y se organizaron turnos.

 

No tardó en estallar la rebelión, y los guardias, tras tomársela muy en serio y pasar sus apuros, encontraron rápidamente los medios de reprimir posteriores intentos: tras utilizar inicialmente los extintores para esa función (de CO2 comprimido, que helaba a los reclusos) y añadir una ronda de humillaciones e intimidaciones extra, comenzaron con técnicas de corte más psicológico: crearon una celda con privilegios, donde metieron a los reclusos que menos se habían implicado en la rebelión. Socavaron así la solidaridad entre los recursos, pero después vino el golpe maestro: al poco tiempo, cambiaron los reclusos privilegiados y metieron algunos de los “malos” en las celdas buenas. Evidentemente, esto tenía que quebrar la confianza entre ellos, por las sospechas de que eran unos chivatos. Divide et impera. Optaron también por controlar los demás aspectos de la vida de los prisioneros de forma completamente arbitraria, para aumentar su desconcierto. Éstos, finalmente, acabaron por reaccionar con hostilidad hacia los compañeros que no cumplían las normas, por ejemplo, ¡por una crisis psicológica! y por aceptar profundamente la sumisión.

 

¿Y qué decir del equipo de psicólogos? ¡Les costó una enormidad liberar al primer preso que sufrió una crisis! Después, ante unos rumores de intento de fuga, su principal preocupación fue ¡abortarla! Llegaron a intentar trasladar a los reclusos a una cárcel de verdad. En pocos días, por fin, se dieron cuenta de que tenían que concluir anticipadamente el experimento.Se pueden encontrar los detalles en http://www.prisonexp.org/espanol/

 

Para mí, el experimento ilustra unas cuantas cosas. En primer lugar, lo dependientes que somos del entorno, aunque pretendamos mantener una idea de coherencia interna, y lo frágil que es la memoria. Hasta el equipo de psicólogos se olvidó rápidamente de que aquello no era una cárcel, los reclusos no eran reclusos y los guardianes no eran guardianes. Es una cuestión de la capacidad de adaptación humana, a causa de ella somos capaces de olvidarnos de nuestro pasado a una velocidad tremenda. Y nos muestra la fragilidad de nuestro barniz de civilización: los sentimientos humanitarios existen en tanto (consideramos que) nos benefician, pero no son innatos al ser humano y resisten muy poco ante pruebas duras. 


La solidaridad y la confianza recíproca benefician a la mayoría frente a las minorías dominantes. Por ello, éstas buscan convenernos de que en realidad nos conviene olvidarlas, utilizando engaños sobre supuestos beneficios personales. Véanse los post sobre la Mafia en este blog. De ahí también los intentos de naturalizar las diferencias raciales (1) y de género: como medios para dividirnos. O la campaña que hay en Alemania (2) para convencer a la gente de allí que los del sur somos peligrosos y acepten la miseria que se les impone (¡hay pobres y salarios de miseria en Alemania!) con el cuento de que somos los culpables de la crisis y encima estamos peor nosotros cuando las desgracias de todos son obra del capitalismo financiero y sus defensores.

 

Y… nuestra crisis actual es económica en su desarrollo, pero, bajo los intereses económicos, están las motivaciones y la psicología de las personas: no me resulta nada difícil imaginarme a nuestras élites financieras y políticas pensando en nosotros como los guardias y psicólogos de la cárcel Stanford. Repasando la Historia, esto no parece que vaya a cambiar ni haciendo la revolución. Recuérdese como los bolcheviques pasaron a ser en pocos años Nomenclatura.

 

No pretendo ser pesimista sobre nuestro futuro, pero creo que, si queremos arreglar nuestra situación, hay que tener en cuenta estas cosas y conseguir que, sean cuales sean las élites que nos vayan a dirigir, tengan siempre unos límites impuestos por los dirigidos. Nuestra libertad depende denuestra conciencia social. Es urgente cambiar las cosas, pero hay que cambiarlas bien.

 

(1)   Los expertos consideran infundada la pretensión de existencia de razas en la especie humana, y hay pruebas sobradas de la contrucción social de las diferencias. Por ejemplo, en Louisiana, EEUU han declarado como negra a una mujer de rasgos caucásicos por una ley que declaraba “de color” al que tuviera un progenitor de algún tatarabuelo negro. Esta construcción contrasta con la de Brasil, que hacen un montón de diferencias por color de piel y rasgos, poco reproducibles cuando se pregunta a diferentes personas. Ver CP Kottak: Antropología Cultural 11ª edición. McGrawHill, Aravaca (Madrid) 2006 pp. 80-82

(2)   Véase el post anterior.

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