Un vikingo en Groenlandia

¿Por qué la gente es tan sumisa con el poder aunque la perjudique?

Estos días estoy leyendo un libro sobre antropología política, y me ha llamado la atención un artículo que analiza la sumisión de una sociedad de Tanzania, los Bena, a las autoridades políticas, tanto de su comunidad como del gobierno para cosas que no quieren, desde pagar impuestos a hacer obras públicas que ellos no usan.

 

Para investigar estos extremos, se hizo un trabajo de campo para conocer el perfil psicológico de la población, que incluyó test psicológicos (básicamente una adaptación del Test de Apercepción Temática adaptada a la cultura local), historias de vida y entrevistas en profundidad. De estos estudios se sacaron tres rasgos fundamentales de la idiosincrasia de los Bena.

 

El primero era la desconfianza, que llegaba a extremos como que nadie pagaba a nadie por mucho que lo conociera sin testigos, o casos curiosos como que si el marido de una mujer bena iba a trabajar con un vecino de toda la vida y lo enviaba a su casa por una herramienta, la mujer se la negaba si no estaba advertida previamente. La desconfianza incluía a la propia familia, hasta entre padres e hijos.

 

El segundo era la dependencia: los individuos consideran que necesitan ayuda de los demás para sobrevivir en un medio hostil tanto en el entorno como en la gente que los rodea, que consideran indignos de confianza. La gente que vive apartada se considera sospechosa.

 

El tercero era un corolario de los anteriores: si uno depende de los otros, pero no se fía de ellos, ha de sentir hostilidad. Esta hostilidad era generalmente reprimida por temor a ser víctimas de venganzas, pero son frecuentes los conflictos.

 

La desconfianza hacía que, para resolverlos, no se confiara en jueces que tomasen resoluciones de obligado cumplimiento, como se haría en Occidente.  Y es aquí donde entran los cargos políticos: conseguíam hacer una especie de juicios donde los litigantes se ponían de acuerdo tanto en los hechos como en las medidas necesarias para el arreglo. Si en una instancia no se conseguía, se subía a la siguiente, lo que aumentaba la presión social. Dado el miedo general de los Bena a represalias y otros males, y como no se tomaban medidas realmente coercitivas sino que se buscaba un acuerdo razonable, el culpable acababa confesando, y generalmente bastante pronto. Pero eso hacía muy necesarios a los cargos políticos para el mantenimiento de la paz entre ellos. El resultado era que a cambio, les podían exigir sacrificios que no iban en la línea de su interés.

 

Sería interesante saber por qué los Bena han desarrollado ese carácter, pues nadie se retuerce sin un motivo, pero la moraleja que se extrae es clara: un pueblo que no tiene solidaridad entre sus miembros es muy fácil de someter, tanto por propios sin escrúpulos comoo por extraños. Más sobre este tema en próximos post.

 

Saludos.

 

Bibliografía:

 

Swartz et al.: Political Anthropology. AldineTransaction , Chicago, 1966.

Kottak, CP: Antropología Cultural 11ª ed, McGraw Hill, Madrid, 2006.

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